Este verano, Maddi viajó a República Dominicana junto al grupo de voluntariado de Fundación Mapfre para conocer de cerca el trabajo de NPH y compartir varias semanas con los niños, niñas y jóvenes de la organización. Como futura docente, llegó con especial interés por conocer otras realidades educativas y culturales. Se marchó con nuevos aprendizajes, amistades y una mirada diferente sobre el voluntariado y la cooperación.

Antes de viajar a República Dominicana, Maddi tenía claro que quería vivir una experiencia diferente. Como futura docente, le interesaba especialmente conocer otras formas de entender la educación.
“Me interesaba especialmente acercarme a niños y niñas de otras culturas, conocer su día a día y aprender de sus experiencias.”
El voluntariado de un mes también representaba para ella una oportunidad para crecer a nivel personal y profesional, salir de su zona de confort y descubrir nuevas formas de convivencia y colaboración.
Al llegar a NPH República Dominicana, algunas de sus expectativas cambiaron. Esperaba encontrar unas infraestructuras más limitadas y una realidad diferente a la que finalmente encontró.
“Me sorprendió muy positivamente la organización de la fundación, sus instalaciones y la manera en la que se desarrolla el día a día.”
Sobre todo, le llamó la atención que NPH fuera mucho más que un espacio destinado a cubrir necesidades básicas. Durante su estancia pudo observar cómo la convivencia, la educación, las responsabilidades y el desarrollo personal forman parte de la vida cotidiana de los niños, niñas y jóvenes.
Del trabajo en la escuela a pintar una cancha: colaborar también es aprender
Durante las semanas de estuvo en NPH, Maddi y el resto del grupo participaron en diferentes actividades junto al equipo de NPH: trabajos en la escuela, apoyo en la cocina, elaboración de trapeadores y pintura de la cancha, entre otras tareas.
Para ella, esta parte práctica fue una manera de conocer desde dentro el funcionamiento cotidiano de NPH y comprender todo el trabajo que hace posible el día a día de la comunidad.
“Me enseñaron que colaborar no consiste únicamente en realizar grandes acciones, sino también en dedicar tiempo, esfuerzo y disposición a tareas cotidianas que son necesarias para el bienestar de toda la comunidad.”
Más allá de las tareas concretas, trabajar junto a otras personas le permitió sentirse parte del grupo y descubrir el valor de la colaboración: “Trabajar juntos, ayudarnos y compartir el esfuerzo hizo que me sintiera todavía más integrada.”

Conocer los bateyes y acercarse a otras realidades
Una de las experiencias que más impacto tuvo en Maddi fue la visita a diferentes bateyes, donde el grupo participó en actividades como la instalación de farolas y la distribución de juguetes.
El contacto con estas comunidades le permitió acercarse a realidades diferentes a la suya y, sobre todo, hacerlo desde la escucha y el aprendizaje. “Fue un auténtico aprendizaje salir de la realidad que conozco y acercarme a otras circunstancias.”
Durante una de estas visitas conoció a un joven de 13 años que compartió con ella su historia y sus aspiraciones de futuro. Le contó que le gustaban especialmente las matemáticas y que soñaba con convertirse en matemático.
Aquel encuentro se convirtió en uno de los recuerdos más significativos de su experiencia. “Sus ganas de salir adelante, de seguir estudiando y de construir un futuro mejor me conmovieron profundamente.”
“Aquel encuentro me hizo reflexionar sobre la importancia de la educación y sobre las oportunidades que muchas veces damos por sentadas.”
Los vínculos creados con los niños, niñas y jóvenes
Pero si hay algo que Maddi destaca especialmente de su experiencia, es el tiempo compartido con los niños, niñas y jóvenes de NPH. Juegos, conversaciones, celebraciones y pequeños momentos cotidianos fueron creando vínculos durante su estancia.
“Compartir el día a día con los niños, niñas y jóvenes de NPH ha sido, sin duda, lo mejor que me llevo de esta experiencia.”
Como futura docente, conocer sus intereses, su forma de relacionarse y sus diferentes maneras de vivir la infancia supuso también un aprendizaje profesional.
“Me ha ayudado a comprender que cada niño tiene su propia historia, sus necesidades y su forma de ver el mundo.”
Entre sus recuerdos más especiales está la invitación de una niña a su cumpleaños. Para Maddi, poder compartir con ella una celebración tan importante fue un momento lleno de alegría y cercanía. “Fue un recuerdo lleno de felicidad que me hizo valorar la importancia de compartir, celebrar y crear vínculos con los demás.”

Una experiencia compartida entre diferentes culturas
El grupo de voluntariado estaba formado por jóvenes procedentes de España, Portugal, Colombia y Brasil. Para Maddi, esta diversidad fue otra de las grandes riquezas de la experiencia.
Convivir durante varias semanas con personas de diferentes países le permitió descubrir otras formas de pensar y afrontar las situaciones cotidianas, además de crear nuevas amistades.
“Cada persona aportaba algo diferente al grupo y eso hizo que la experiencia fuera mucho más completa.”
La convivencia también le permitió comprobar que, pese a las diferencias culturales y de procedencia, existen valores y objetivos que pueden unir a las personas. “Aunque vengamos de lugares diferentes, podemos compartir valores, aprender unos de otros y trabajar juntos por un objetivo común.”
“He descubierto que muchas veces recibes mucho más de lo que das y que las experiencias, los vínculos y los aprendizajes que te llevas pueden permanecer contigo mucho tiempo después de volver a casa.”
También destaca la importancia de acercarse a otras realidades sin ideas preconcebidas y con una actitud de respeto y humildad.
“No se trata únicamente de ir a ayudar, sino también de escuchar, observar, aprender y entender que cada comunidad tiene su propia historia y sus propias necesidades.”
Para Maddi, esta experiencia ha reforzado además su interés por seguir vinculada a proyectos de cooperación. “Me llevo de esta experiencia una mayor sensibilidad hacia otras realidades, una mentalidad más abierta y muchas ganas de seguir participando en proyectos de cooperación.”
“Es una experiencia que recomendaría vivir”
¿Qué le diría Maddi a alguien que está pensando en participar en un voluntariado internacional?
Su recomendación es clara: vivir la experiencia con ilusión, responsabilidad y una mente abierta, sin llegar con expectativas demasiado cerradas. “Creo que es importante estar dispuesto a salir de la zona de confort, a conocer otras realidades y a dejarse sorprender por todo lo que pueda ocurrir.”
También invita a prestar atención a los pequeños momentos: las conversaciones, los juegos, las sonrisas y el tiempo compartido.
Y, especialmente, a acercarse a los niños, niñas y jóvenes desde la apertura y el respeto. “Para mí, conocerles y compartir parte de su día a día ha sido lo más bonito de esta experiencia.”
Su conclusión resume buena parte de lo que ha significado este viaje: “El voluntariado no consiste únicamente en lo que tú puedes aportar, sino también en todo lo que puedes aprender y llevarte contigo.”
Para Maddi, las semanas en NPH República Dominicana no terminan al regresar a casa. Se lleva nuevos aprendizajes para su futuro como docente, amistades y una mirada más amplia sobre la cooperación y las realidades diversas que existen en el mundo.



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