La violencia sigue golpeando a Haití. El reciente ataque en Kenscoff, que dejó al menos 47 personas muertas y 22 heridas, vuelve a poner al país ante los ojos del mundo. Para NPH, estos acontecimientos confirman la importancia de una decisión difícil que tomamos meses atrás: trasladar a más de 250 niños y niñas desde Kenscoff a espacios más seguros. Hoy, mientras el Hospital Pediátrico St. Damien continúa abierto y nuestros equipos siguen trabajando en el país, nuestra misión permanece intacta: proteger, cuidar y acompañar a la infancia y a las comunidades haitianas.

La noche del 23 al 24 de agosto, Kenscoff volvió a ser escenario de una grave escalada de violencia. Según Naciones Unidas, al menos 47 personas fueron asesinadas y 22 resultaron heridas, mientras que decenas de personas fueron presuntamente secuestradas. Entre las personas afectadas se encontraban también personas que habían huido previamente de la violencia y buscado refugio en una iglesia.
Kenscoff no es un lugar desconocido para NPH. Durante décadas, nuestras instalaciones en las montañas han sido hogar, escuela y espacio de protección para niños, niñas y jóvenes, además de un punto de apoyo para muchas familias de la comunidad.
Pero la situación fue cambiando.
En 2025, después de varios episodios graves de inseguridad y del secuestro de miembros de nuestro equipo, NPH tomó una decisión difícil pero necesaria: evacuar nuestro programa residencial de Kenscoff y trasladar a más de 250 niños y niñas a Tabarre, en Puerto Príncipe.
La operación permitió mantener a los niños y niñas a salvo y reorganizar sus hogares, escuelas y servicios en nuevos espacios. Los menores con necesidades especiales fueron trasladados a Kay St. Germaine, mientras que más de 200 niños y niñas del programa residencial fueron acogidos en Father Wasson’s Angels of Light (FAWL).
Hoy, viendo lo ocurrido en Kenscoff durante los últimos días, aquella decisión adquiere todavía más sentido.
Una decisión difícil que hoy demuestra ser necesaria
Gena Heraty, responsable durante años del programas de discapacidades en NPH Haití y actualmente en terreno, explica que las pandillas llevaban más de un año amenazando con hacerse con el control de Kenscoff y de las zonas próximas a la comisaría.
En un audio enviado desde Haití después de los últimos ataques, Gena explicó que muchas personas vinculadas a NPH se vieron obligadas a huir junto a sus familias:
“Tenemos empleados de esa zona que estaban huyendo con sus familias, con niños pequeños, intentando escapar de toda la violencia.”
Gena también señala que el impacto va mucho más allá de quienes resultan directamente víctimas de un ataque. Muchas de las personas que han abandonado Kenscoff son campesinas y campesinos que han perdido sus hogares y también sus medios de vida.
“Los que han sido expulsados de su comunidad no tienen dónde ir. […] Pierden todos sus medios de vida porque quienes vivían en Kenscoff eran agricultores.”
Su conclusión es clara: “Hace que nuestro trabajo sea mucho más urgente y no podemos reducirlo. Todo lo contrario.”
Sus palabras ayudan a entender por qué proteger a la infancia no consiste únicamente en mantener a los niños y niñas dentro de un espacio seguro. También implica cuidar de las personas adultas que forman parte de su entorno, de quienes trabajan en los programas y de las comunidades que los rodean.
“No abandonamos Haití”: Seguimos trabajando en el país
NPH lleva trabajando en Haití desde 1987, cuando se abrió el primer hogar de NPH en el país. Desde entonces, nuestra presencia se ha ampliado a programas de protección, educación, salud, rehabilitación y apoyo comunitario.
Son más de tres décadas acompañando a generaciones de niños, niñas, jóvenes y familias haitianas. Y hoy seguimos allí.
Aunque nuestros programas residenciales ya no se encuentran en Kenscoff, NPH continúa desarrollando su misión desde otros puntos del país. Los niños y niñas trasladados siguen recibiendo atención, educación y protección. Los programas de necesidades especiales continúan funcionando. Y el Hospital Pediátrico St. Damien continúa prestando atención sanitaria esencial.
La crisis no es “un problema de los haitianos”
Es fácil mirar la situación actual y pensar que Haití es un país que “se está destruyendo a sí mismo”. Pero esta visión simplifica una realidad mucho más compleja.
En su mensaje desde Haití, el Padre Rick Frechette pide precisamente que no se mire al país de esta manera. En conversación con nuestro equipo, explicó:
“Sería equivocado mirar Haití como algunos lo hacen: como un país que se está destruyendo a sí mismo.” – y añadió – “Es importante ver que 13 millones de personas sencillas y trabajadoras están siendo tomadas como rehenes por grupos armados.”
Rick también insiste en que la dimensión de la crisis hace imposible pensar que la población haitiana pueda resolverla por sí sola:
“La gente de Haití no puede enfrentarse sola a los grupos terroristas. Necesita la ayuda de la comunidad internacional.”
Más allá de las palabras concretas utilizadas en su testimonio, el mensaje fundamental es compartido por numerosos organismos internacionales: la población civil está pagando un precio enorme por una violencia que limita el acceso a la salud, la educación, los alimentos y otros servicios esenciales.
Una crisis que afecta especialmente a la infancia
La magnitud de la crisis humanitaria es difícil de ignorar. UNICEF estima que alrededor de 1,5 millones de personas se encontraban desplazadas internamente en Haití en 2026, aproximadamente la mitad de ellas niños y niñas. Además, 2,8 millones de niños y niñas necesitaban asistencia humanitaria.
La situación también está afectando gravemente al derecho a la educación. Más de 1.600 escuelas habían permanecido cerradas durante el curso 2024-2025, afectando a más de 240.000 estudiantes.
Y existe otro riesgo especialmente preocupante: UNICEF informó de que el número de niños y niñas reclutados y utilizados por grupos armados aumentó aproximadamente un 200 % durante 2025.
Estos datos ayudan a entender algo fundamental: cuando la violencia aumenta, la infancia no solo corre peligro de ser víctima directa. También pierde acceso a la escuela, a la atención sanitaria, a la protección familiar y comunitaria y a oportunidades para construir su futuro.
Por eso mantener los programas de protección, educación y salud es tan importante.
¿Tiene sentido seguir apoyando a Haití?
Es una pregunta legítima. Cuando una crisis dura años, cuando las noticias parecen repetirse y cuando los avances son difíciles de ver, puede aparecer una sensación de impotencia: ¿realmente va a cambiar algo? ¿No estaremos simplemente poniendo recursos en un problema que nunca se solucionará?
Pero abandonar ahora no es una solución.
La ayuda no se mide únicamente por si consigue transformar un país entero de un día para otro. También se mide por las vidas concretas que consigue proteger hoy.
Un niño que puede seguir en la escuela. Una niña que recibe rehabilitación. Una familia desplazada que encuentra un lugar seguro donde dormir. Una madre que puede llevar a su bebé a un hospital. Un paciente que recibe tratamiento en St. Damien. Una persona que recupera una oportunidad que la violencia le había arrebatado. Eso también es avanzar.
Y la experiencia de NPH en Haití demuestra que el compromiso a largo plazo importa. Durante más de 30 años hemos atravesado terremotos, crisis políticas, epidemias, pobreza extrema y diferentes episodios de violencia. Hemos tenido que evacuar programas, trasladar a niños y niñas y adaptar continuamente nuestra forma de trabajar.
Pero cada vez que las circunstancias han cambiado, hemos buscado nuevas maneras de seguir acompañando a las personas.
“Estamos convencidos de que estamos donde tenemos que estar”
El Padre Rick conoce de primera mano los enormes desafíos que enfrenta el país. En su audio más reciente reconoce que la situación es inquietante, pero también transmite una convicción profunda:
“Estamos convencidos de que estamos donde tenemos que estar. Estamos convencidos de que hacemos lo que tenemos que hacer.”
Desde Haití, también habla de la necesidad de mantener el apoyo a las comunidades que rodean los programas de NPH. Explica que ha estado destinando recursos a campamentos para niños y niñas desplazados, alimentos y apoyo educativo, entre otras iniciativas.
Después de la masacre de Kenscoff, por ejemplo, envió alimentos y otros productos a personas afectadas por la violencia.
Su mensaje no es únicamente económico. Al final de su audio, pide algo que considera incluso más importante:
“Este es el momento en que más necesitamos amistad […] necesitamos sentir que estamos todos juntos en esto.”

Seguir presentes también es una forma de esperanza
Gena Heraty escribió, después de los primeros ataques en Kenscoff, una reflexión sobre las personas asesinadas y las familias que tuvieron que huir. En ella describe el impacto de una violencia que no termina cuando cesan los disparos: continúa para quienes pierden su hogar, sus familiares, su trabajo y la seguridad de su comunidad.
Su texto termina con una petición que resume también nuestro deseo: “Que un día pronto conozcamos la paz en Haití y la paz en el mundo. Que no haya más filas de cuerpos inocentes bajo sábanas blancas.”
No podemos prometer cuándo llegará ese día. No podemos prometer que la situación vaya a mejorar rápidamente. Y tampoco podemos resolver por nosotros solos una crisis de esta magnitud. Pero sí podemos decidir no mirar hacia otro lado.
- Podemos seguir protegiendo a los niños y niñas que dependen de nuestros programas.
- Podemos mantener abierto un hospital cuando acceder a la atención sanitaria resulta cada vez más difícil.
- Podemos seguir ofreciendo educación cuando miles de niños y niñas pierden el acceso a la escuela.
- Podemos acompañar a las familias desplazadas y a quienes forman parte de nuestras comunidades.
- Y podemos demostrar que Haití no está olvidado.

Haití necesita solidaridad, ahora más que nunca
La reciente violencia en Kenscoff nos recuerda el enorme riesgo que sigue existiendo. Pero también nos confirma que la decisión de trasladar a más de 250 niños y niñas fue una decisión de protección necesaria y responsable.
Hoy esos niños y niñas están a salvo y NPH continúa trabajando. El Hospital St. Damien sigue atendiendo a pacientes. Nuestros equipos siguen presentes. Y nuestra responsabilidad con la infancia haitiana continúa.
No podemos permitir que la duración de la crisis nos haga perder de vista a las personas que están detrás de las cifras.
Haití necesita que la comunidad internacional siga mirando hacia el país. Necesita protección, acceso a servicios esenciales, justicia y oportunidades para que las nuevas generaciones puedan construir un futuro diferente.
Y NPH necesita tu apoyo para poder seguir estando allí.
Ayúdanos a seguir protegiendo a la infancia en Haití
Tu donación ayuda a mantener los programas de NPH, apoyar a niños y niñas desplazados, garantizar el acceso a la educación y sostener servicios esenciales como los que ofrece el Hospital Pediátrico St. Damien.
En una crisis que parece no tener final, seguir ayudando no significa ignorar la realidad. Significa no rendirse ante ella.



Organización de la Sociedad Civil de las Naciones Unidas