En 1996, Moisés llegó a NPH Guatemala con 12 años, después de haber pasado por diferentes hogares. Allí encontró un lugar que acabaría convirtiéndose en su familia y en el punto de partida de un camino que le llevaría a estudiar Medicina y convertirse en médico. Casi 30 años después, nos cuenta su historia.

Moisés recuerda su llegada a NPH Guatemala con 12 años como un momento lleno de dudas y cierta incertidumbre. Venía de otro hogar y no sabía exactamente qué encontraría en su nuevo destino.
Sin embargo, uno de sus primeros recuerdos tiene que ver con algo aparentemente sencillo: una cama, un colchón y una almohada.
Al llegar, las personas encargadas de la casa en NPH les dieron ropa, zapatos, mantas y todo lo necesario para instalarse. Por la noche, cuando se acostó, descubrió una sensación que hacía años que no experimentaba.
“Cuando me recosté en la cama y puse mi cuerpo en el colchón y mi cabeza en la almohada, llevaba de verdad no te sabría decir cuántos años sin sentir una sensación tan cómoda.”
Aquel pequeño detalle tuvo un significado enorme para él. “Ellos me están tratando bien desde el principio. Entonces probablemente tengo que ver qué cosas buenas pueden pasar en este lugar conmigo.”
Con el paso de los años, Moisés ha seguido recordando aquel momento como un ejemplo de cómo los pequeños gestos pueden marcar una diferencia. “A veces los pequeños detalles pueden hacer cambios muy significativos en la vida de las personas.”
Encontrar referentes y sentirse parte de una familia
Entre sus primeros recuerdos en NPH está también Ismar, una de las personas que acompañaban a los niños y jóvenes de la casa. Lo que inicialmente fue cierta preocupación —los demás les habían advertido de que era estricto— terminó convirtiéndose en una amistad que dura ya décadas.
Moisés recuerda especialmente un episodio que, para él, representó uno de sus primeros encuentros con los valores que quería transmitir NPH. En una ocasión, mientras los jóvenes se estaban portando mal, surgió la idea de retirarles la comida como castigo.
Ismar se negó. «A ningún niño se le va a quitar la comida en esta casa. Podemos ponerles un castigo, pero a nadie se le quita la comida. Es un derecho que ellos tienen.”
Para Moisés, aquel fue uno de los primeros momentos en los que comprendió que detrás de NPH había una forma de entender el cuidado y la educación basada también en la dignidad y los derechos de los niños. “El primer contacto con alguien real con la filosofía de NPH fue con Ismar.”


La educación como camino hacia el futuro
Moisés pasó 18 años en NPH. Durante ese tiempo estudió, trabajó y atravesó también momentos difíciles. Cuando llegó a la casa, todavía no existían todos los recursos educativos que necesitaría para continuar su formación.
Durante un periodo colaboró en diferentes tareas de la casa mientras buscaba la manera de seguir estudiando. Finalmente, el equipo de NPH le ayudó a incorporarse como oyente a un colegio y pudo continuar avanzando en su formación.
Para él, la educación terminó convirtiéndose en una parte fundamental de su proyecto de vida.
“Siempre fui muy de que me gustaba aprender, que me gustaba adquirir conocimiento y yo me sentía feliz estudiando.”
Después del bachillerato llegó uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Moisés no consiguió inicialmente entrar en la universidad pública, pero poco después recibió la oportunidad de optar a una beca para estudiar Medicina.
Cuando supo que había sido seleccionado, salió corriendo de NPH con una bandera improvisada en la que había escrito: “Sí se pudo.”
Ese día, cuenta, recorrió varios kilómetros mientras repetía emocionado a quienes encontraba por el camino que iba a estudiar Medicina. “Voy a estudiar Medicina.”
Para Moisés, poder estudiar en la Universidad Rafael Landívar fue uno de los mayores regalos de su vida. Y también fue la oportunidad de demostrar que aquel camino podía ser posible para otros jóvenes de NPH.

“Yo quiero ser el primero”
Durante sus años en NPH, Moisés vio cómo algunos jóvenes terminaban su formación y comenzaban su vida independiente. Él quería ir un paso más allá.
“Yo decidí ser el primero y quiero que el ejemplo sea así, de principio a fin.”
Su objetivo no era únicamente conseguir una profesión, sino abrir un camino que otros hermanos mayores pudieran seguir.
Moisés reconoce que el proceso no fue sencillo. Al comenzar la universidad tuvo que enfrentarse a inseguridades y dificultades personales que arrastraba de etapas anteriores.
“La universidad fue muy difícil para mí, de verdad muy difícil. No tanto por lo académico sino por vencer todos mis temores.”
Pero continuó adelante.
Hoy es médico y ha continuado formándose en el ámbito de la dermatología. Trabaja en diferentes centros sanitarios y también atiende en su propia clínica, que ha ido creciendo con el tiempo.

Una forma de ejercer la medicina marcada por NPH
La experiencia de haber crecido en NPH también está presente en su manera de relacionarse con sus pacientes.
Moisés explica que siempre ha sentido una especial sensibilidad hacia los niños y hacia las personas que necesitan apoyo.
“Siempre soy muy dado a los niños. Y es porque aprendí en NPH que hay que apoyarlos, así como nosotros nos apoyaron.”
También recuerda algo que aprendió durante sus años en la casa: la importancia de escuchar.
En NPH, personas como Ismar, Orlando o el padre William Wasson dedicaban tiempo a escuchar las inquietudes, frustraciones y alegrías de los niños y jóvenes. “Siempre puedes platicar, siempre puedes abrirte.”
Ese aprendizaje forma hoy parte de su manera de ejercer la medicina: escuchar, dedicar unos minutos más y tratar a las personas con sensibilidad.
Y su compromiso con NPH continúa también en su trabajo. A lo largo de los años ha atendido a numerosos hermanos mayores, pequeños hermanos, trabajadores y personas vinculadas a la organización.
“Las puertas de mi clínica siempre están abiertas para todos los trabajadores, todos los hermanos mayores, todos los tíos, todos los pequeños hermanos.”

NPH, una familia que trasciende fronteras
Casi tres décadas después de su llegada, Moisés sigue definiendo NPH como una parte fundamental de su vida. “NPH para mí es mi familia.”
Para él, la conexión entre quienes han crecido en NPH va más allá del país en el que vivieron. Cuenta que en diferentes ocasiones ha reconocido a otros hermanos mayores incluso sin saber previamente que habían formado parte de NPH.
“Te puedo asegurar que yo reconocería a un hermano mayor en cualquier otro lado del mundo.”
Esa sensación de pertenencia es uno de los vínculos que conserva después de tantos años.
También lo es el compromiso de devolver, desde su propia vida y profesión, parte de las oportunidades que recibió.
“No es una forma de retribuir a NPH lo que me dieron. Es algo que a mí me sale natural, es algo que me nace.”
Construir su propia familia
Con el paso de los años, Moisés no solo ha construido una trayectoria profesional como médico. También ha formado su propia familia y hoy es esposo y padre. Para él, vivir estas etapas le ha permitido mirar de otra manera muchos de los aprendizajes que recibió durante sus años en NPH.
Ser padre le ha hecho especialmente consciente de la importancia de transmitir a sus hijos valores como la responsabilidad, el respeto y la sensibilidad hacia las demás personas.
“A veces hasta pongo en práctica algunas reflexiones con mis hijos. Siento que también es importante que ellos sean buenas personas, que se formen, que sean unas personas con esa sensibilidad hacia los demás.”
Su experiencia en NPH también le enseñó que la familia no se define únicamente por los vínculos de sangre. Para Moisés, la convivencia, el apoyo mutuo y el cuidado de los demás fueron fundamentales durante los 18 años que pasó en la organización, y son aprendizajes que hoy forman parte de su propia manera de entender la familia.
Convertirse en esposo y padre también ha supuesto una nueva etapa de madurez para él.
“Ser papá, ser esposo, ser médico ya me ha dado otro tipo de madurez.”
Hoy, cuando piensa en todo el camino recorrido desde aquel niño que llegó a NPH en 1996, su familia representa también una parte de ese futuro que comenzó a construir entonces.

«Aunque no puedo volver atrás, puedo empezar hoy”
Cuando Moisés mira hacia atrás, no idealiza el camino recorrido. Habla de dificultades, errores, miedos y momentos en los que tuvo que aprender a seguir adelante.
Pero hay una idea que resume especialmente bien su historia: “Aunque no puedo volver atrás y firmar un nuevo inicio, puedo empezar hoy y firmar un nuevo final.”
Para él, NPH fue ese punto de partida.
Un lugar donde encontró una familia, pudo continuar estudiando y descubrió nuevas posibilidades para su futuro. Un camino que le llevó hasta la Medicina y que hoy también le permite acompañar a otras personas desde su profesión.
Una historia que ahora llega a Barcelona
Moisés se prepara ahora para viajar a Barcelona y compartir su historia con las personas que apoyan el trabajo de Fundación NPH.
Para él, regresar a España desde otra etapa de su vida tiene un significado especial. Cuando llegó a NPH era un niño de 12 años con muchos miedos. Hoy llega como médico, esposo y padre, con una trayectoria profesional construida a lo largo de casi tres décadas.
“Ahora siento que estoy preparado para dar un testimonio desde el corazón.”
Y considera que esta visita también es una oportunidad para hablar de la importancia de seguir apoyando a niños, niñas y jóvenes que necesitan oportunidades para construir su propio futuro.
“Siento que hay mucha necesidad en mi país y en toda Latinoamérica, en todo NPH. Y pienso que así como yo logré con ese apoyo llegar a la meta, creo que hay muchos más que también pueden sumarse a este éxito.”
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