Con solo dos años, Pierre Peterson llegó a NPH Haití. Décadas después, es ingeniero informático, responsable de proyectos del Programa de Necesidades Especiales y padre de una niña a la que decidió ofrecer la misma oportunidad que él recibió. Su historia demuestra que cuando un niño crece rodeado de afecto, educación y oportunidades, el impacto va mucho más allá de una sola vida.

«Mi historia no es un cuento de hadas que se cuenta a los niños antes de dormir. Si lo fuera, probablemente les daría miedo. Mi historia es una realidad.«
Con estas palabras comenzó Pierre Peterson su intervención durante la cena solidaria organizada por Fundación NPH España en Barcelona en junio de 2026.
Era un momento muy especial para él. No solo porque compartía por primera vez su historia ante decenas de personas que apoyan la labor de NPH. También porque era la primera vez que salía de Haití y la primera vez que subía a un avión.
Pero Pierre no viajó a Barcelona para hablar únicamente de sí mismo. Viajó para poner voz a miles de niños y niñas que merecen crecer con las mismas oportunidades que cualquier otro niño del mundo. Una infancia marcada por la pobreza, pero no definida por ella.
Pierre nació en Cité Soleil, en Puerto Príncipe. Es el duodécimo hijo de una familia muy numerosa: dieciséis hijos por parte de su padre y siete por parte de su madre.
Su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas que afectaban a toda la familia.
«Nunca había árbol de Navidad, rara vez había suficiente comida para el desayuno y, a veces, ni siquiera había pan para comer.«
Sin embargo, cuando Pierre habla de aquellos años no busca despertar compasión.
Habla de la realidad que vivieron muchas familias haitianas y de cómo el acceso a derechos tan básicos como la alimentación, la educación o la atención sanitaria continúa siendo un enorme desafío para millones de personas.
«Quizás algunos de ustedes nunca hayan conocido el hambre. Nosotros sí la conocemos. Sabemos lo que significa despertarse por la mañana sin saber si tendremos algo para comer durante el día.»

Una familia que eligió quererle
Cuando tenía dos años, la vida de Pierre cambió. Ingresó en NPH Haití.
Allí encontró algo que todavía hoy considera el mayor regalo de su infancia: una familia. «No conocía a NPH, pero me aceptaron. Al aceptarme construimos algo mucho más fuerte.«
En NPH aprendió valores que siguen guiando su vida.
«Aprendí el amor hacia los demás, el amor incondicional, la solidaridad, el respeto y el espíritu de ayudarnos unos a otros. Veníamos de lugares diferentes y juntos nos convertimos en una gran familia.»
Para Pierre, la palabra familia no depende de los lazos biológicos. «Compartimos el dolor, pasamos juntos los momentos difíciles y también reímos juntos. Siempre hay alegría. Eso es el amor. Eso es una familia.»

La educación como punto de partida
Gracias al acompañamiento de NPH pudo estudiar y, años después, graduarse en Ingeniería Informática.
Cuando terminó su etapa viviendo en NPH regresó con su familia biológica, pero decidió que aprovecharía aquella oportunidad también para ayudarles.
«Me hice una promesa. Había personas que habían creído en nosotros e invertido en nuestro futuro. Cuando volví con mi familia todo era muy diferente, así que decidí ayudar a mis hermanos pequeños a seguir adelante y perseguir sus sueños.«
Hoy es el único miembro de su familia que ha podido acceder a estudios universitarios. «Gracias a la generosidad de nuestros donantes pude estudiar una carrera universitaria. Mi vida cambió completamente.«
Trabajar para que ningún niño quede atrás
Actualmente Pierre trabaja como responsable de proyectos del Programa de Necesidades Especiales de NPH Haití.
Cada día acompaña a niños, niñas y personas con discapacidad que reciben atención especializada, rehabilitación, educación y apoyo para desarrollar todo su potencial.
Su motivación nace precisamente de quienes acompaña. «Lo que más me motiva es el amor que recibo de los niños con discapacidad. Tienen muchísimo amor para dar. Son increíblemente sensibles y profundamente agradecidos.«
En Haití, las personas con discapacidad todavía afrontan importantes barreras para acceder a servicios especializados y ejercer plenamente sus derechos.
Por eso Pierre defiende que el primer paso es reconocer la dignidad de cada persona. «Cuando aceptas a una persona con discapacidad tal y como es, ella también te acepta a ti con todas tus diferencias. Nos apoyamos mutuamente.«
Trabajar junto a ellos también le ha transformado. «Me han enseñado a ser mucho más compasivo. Cuando miras a sus ojos encuentras esperanza. A pesar de sus discapacidades, nunca la pierden.»

De niño acogido a padre
La historia de Pierre dio un nuevo giro cuando conoció a Djoulie. Tenía dos años, sufría desnutrición crónica y una discapacidad física.
Antes de fallecer, la madre de la niña, tia de Pierre, le pidió que cuidara de ella. Aceptó sin dudar.
«Como NPH me convirtió en el hombre que soy hoy, pensé que yo podía hacer lo mismo por ella.»
Hoy Djoulie tiene seis años, va a la escuela y crece rodeada de cariño.
Pierre intenta transmitirle los mismos valores que marcaron su infancia. «Quiero enseñarle solidaridad, amor hacia los demás, respeto y responsabilidad.»

Seguir creyendo en Haití
La realidad cotidiana en Haití continúa siendo compleja. La inseguridad dificulta desplazarse, trabajar y mantener muchos servicios esenciales.
Pierre conoce perfectamente esa realidad.
Sin embargo, rechaza que sea la única imagen que se proyecte de su país.
Prefiere hablar de las personas que cada día siguen trabajando para construir un futuro mejor.
«Lo que me motiva cada mañana es saber que, a pesar de la oscuridad y de la crisis que atraviesa nuestro país, todavía existe esperanza. Esa esperanza empieza por nosotros. Nosotros somos la esperanza de Haití.»
El impacto de una oportunidad
Durante su visita a Barcelona, Pierre quiso recordar que cada gesto solidario tiene consecuencias reales.
No solo porque permite cubrir necesidades inmediatas. También porque abre caminos que pueden durar toda una vida.
«Soy la prueba de que, con amor, educación, oportunidades y solidaridad, una vida puede transformarse.»
Esa transformación no terminó cuando Pierre obtuvo un título universitario:
Continúa cada día en el trabajo que realiza junto a niños y niñas con discapacidad.
Continúa en la educación de Djoulie.
Continúa en cada decisión de devolver a otros aquello que un día recibió.
Como él mismo resume: «Entré en NPH con dos años y siempre me prometí que algún día ayudaría a un niño como me ayudaron a mí.»
Y ese compromiso sigue creciendo.

«Gracias por seguir creyendo»
«Dar a alguien a quien nunca has conocido es un acto extraordinario de generosidad. Gracias a vuestro apoyo no solo cambió mi vida; también la de miles de niños y niñas.»
Su historia recuerda que la solidaridad no consiste únicamente en responder a una necesidad presente.
También consiste en confiar en el potencial de cada niño y cada niña para construir su propio futuro.
Porque cuando una infancia crece rodeada de oportunidades, esa oportunidad rara vez termina en una sola persona. Se multiplica.
Tú también puedes formar parte de esta historia
Miles de niños, niñas y jóvenes en Haití siguen necesitando acceso a educación, atención sanitaria, alimentación y programas especializados que les permitan desarrollar todo su potencial.
Con tu apoyo, más niños y niñas podrán crecer en un entorno seguro, estudiar, construir su proyecto de vida y, como Pierre, convertirse algún día en quienes acompañen a la siguiente generación.



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